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HOT-WALL de plantas tropicales de moda a tecnologías de cuidado. Houston, Texas, EE.UU., 2021

Brittany Utting

Fellow, Taubman College of Architecture + Urban Planning, University of Michigan, USA.

Daniel Jacobs

Profesor de arquitectura, University of Michigan, Ann Arbor, Michigan, EE.UU.

El confinamiento nos hizo adictos a las plantas de interior. Pero la inocente inclusión de vegetación en el espacio doméstico pone en marcha una extensa industria de producción de plantas que, trasplantadas desde sus hábitats originarios, requieren cuidados y tratamientos distintos para adaptarse a la naturaleza artificial. Fruto de una exhaustiva investigación, este proyecto hace visible un problema de escala doméstica y global.

Mientras los imperios europeos acumulaban riquezas y territorios en los siglos XVIII y XIX, también construían espacios botánicos para albergar especímenes recolectados en tierras colonizadas, los que eran cuidadosamente transportados en cajas de Ward para su viaje de ultramar. Estas colecciones surgieron junto a nuevas tipologías arquitectónicas de cultivo y exhibición, posibilitadas por las nuevas tecnologías materiales de hierro y vidrio, e impulsadas por la riqueza del capitalismo colonial (Kohlmaier y von Sartory, 1991). Ejemplos como la Palm House en los Jardines de Kew en Londres fueron vivarios públicos para exhibir los productos vivos de la acumulación imperial, donde las plantas eran indicadores del poder colonial. La capacidad de producir un ‘ramo imposible’ de plantas tropicales importadas creó una relación con la naturaleza que implicaba bajo costo y abundancia, ocultando la violencia ambiental y los intercambios logísticos que sustentaban tales movimientos hortícolas1.

Fig. 1
© HOME-OFFICE

Las nuevas tecnologías materiales y climáticas también transformaron el espacio del hogar. Grandes extensiones de vidrio en ventanales y terrazas vidriadas trajeron más luz natural al espacio doméstico, permitiendo el cultivo de plantas tropicales importadas en interiores (Horwood, 2020). En paralelo, el aumento de radiadores y el mayor acceso a la plomería permitieron a los propietarios condicionar artificialmente el interior, simulando el calor y la humedad de los hábitats originarios de la planta. Habilitada por estas tecnologías de invernadero, la estética tropical se convirtió en un accesorio omnipresente del interior doméstico, deseado tanto por los placeres sensuales del follaje texturizado como por las atmósferas perfumadas creadas por las plantas. Estas plantas tropicales también se utilizaron en la casa victoriana por sus supuestos beneficios para la salud y el saneamiento: purificaban el aire contaminado de Londres, facilitaban la respiración y aumentaban la humedad en las habitaciones calefaccionadas por un horno caliente en los días fríos de invierno. El deseo de producir una atmósfera fragante, vital y bien temperada a través de la profusión de palmas, orquídeas y helechos reflejaba una reciprocidad entre el deseo del consumidor, los mercados globales y la salud corporal.

Actualmente, estas plantas ornamentales se comercializan no sólo por su estética exótica, sino también por sus supuestos beneficios para la salud y la productividad, repitiendo las tendencias europeas del siglo XIX. Con énfasis en la productividad a través del bienestar, estas tendencias hicieron del autocuidado un prerrequisito para el buen rendimiento en el trabajo. Innumerables revistas de estilo de vida y de ciencias promueven las ventajas psicológicas, emocionales y físicas de cultivar vida vegetal al interior. Los artículos afirman que estas ‘especies de compañía’ reducen el estrés, mejoran la calidad del aire e, incluso, hacen la vida laboral más eficiente. Pero es probable que esto refleje más una necesidad psicológica que un problema de calidad del aire. El follaje interior es el telón de fondo ideal para el autocuidado, dando comodidad a sus habitantes mientras enfrentan la creciente normalización del confinamiento doméstico.

Fig. 2
© HOME-OFFICE

Sin embargo, los mundos virales de cuidado botánico también han producido nuevas redes solidarias de horticultores aficionados. Desde el exceso de riego hasta el exceso de divulgación, redes completas de tutoriales en YouTube y manuales de cuidado de la flora doméstica han surgido mientras los productores de contenido distribuyen técnicas y resultados del cultivo doméstico. En el lado salvaje de TikTok, usuarios con el tag #plantlife discuten cómo crear ecosistemas interiores, polinizar plantas, propagar esquejes y hacer música para los compañeros vegetales de la casa. Estas tendencias digitales reflejan un deseo de nuevas alianzas entre los humanos y las plantas que cuidan. Pero imitar fenómenos victorianos como Orchidelirium y Pteridomania – las actuales ‘monsteramanía’ y ‘fiebre por el ficus’ – reflejan una locura neovictoriana por un suministro inagotable de plantas tropicales de moda.

Este mercado de productos tropicales representa el profundo deseo de una fantasía doméstica específica: un ensueño rousseauiano de follaje exuberante e incrustaciones vegetales. Movidos por el consumo obsesivo de plantas como Ravenea rivularis, Monstera deliciosa y Ficus lyrata, los interiores más ‘in’ se definen por la profusión de especies tropicales de moda, optimizada por servicios vegetales de suscripción premium. Estas plataformas de consumo directo de plantas domésticas reemplazan con un clic las intensas búsquedas de las especies más raras (presentes en relatos populares de cazadores de plantas victorianos). Los consumidores pueden suscribirse para recibir plantas exóticas cada mes, con una garantía de reemplazo si la planta no sobrevive. Los mercados digitales de nicho de especies raras cultivadas domésticamente abstraen aún más sus orígenes con mutaciones genéticas. Esta facilidad acceso aleja a la planta de su hábitat originario, haciéndola una mercancía abstracta lejos de una ecología de cuidado.

Fig. 3 Detalles de piezas y armado.
© HOME-OFFICE

Atendiendo este intenso deseo de consumo de plantas tropicales surgió un paisaje logístico de invernaderos industriales, movilizando vastas infraestructuras de trabajo, tecnología y capital. Las arquitecturas contemporáneas de invernadero (como las de Westland en los Países Bajos) usan drones, sensores y sistemas para analizar el crecimiento, optimizar la humedad y controlar la temperatura. Luces rosadas producen una fotosíntesis perpetua, creando hectáreas de ecosistemas interiores inquietantemente iluminados y monitoreados autónomamente. Al concentrarnos en los sistemas técnicos, cadenas logísticas de suministro e infraestructuras de cuidado integradas en estos paisajes de invernadero, ¿cómo visibiliza la arquitectura los arreglos territoriales, ambientales y laborales precisos de estas ecologías artificiales?

Mientras los mínimos interiores de la casa bien cuidada parecen ser atendidos en silencio y mantenidos tiernamente en la superficie, la casa ¿podría transformarse en un interior inmersivo y artificial, gozando la naturaleza salvaje de estas infraestructuras subyacentes? Críticamente, una profunda reestructuración de nuestros hábitos y hogares mediante estas tecnologías de cuidado produciría nuevas intimidades, híbridos y gestos para la convivencia ecológica. En su libro Reciprocal Landscapes, Jane Hutton (2020:221) escribe: «Las texturas, olores, estructuras de materiales particulares dan a las personas un contacto táctil e íntimo con fragmentos de paisajes distantes y sus miríadas de relaciones sociales y ecológicas». Entonces, ¿es posible involucrarse más íntima y profundamente no sólo con la tierra y sus especies, sino también con las cualidades sensuales de estos sistemas interiores necesarios para el cuidado hortícola? Repensando estas tecnologías de invernadero y sus estéticas, HOT-WALL propone un nuevo tipo de electrodoméstico para el cultivo de esta vida interior.

Fig. 4
© HOME-OFFICE

HOT-WALL es un carro de cultivo móvil compuesto por un marco de aluminio ligero. Hecho de nueve ángulos de aluminio de 2″ de varios largos; dos asas; dos ruedas de goma; un eje de aluminio; una hoja de aluminio de 1/8″ de espesor y una barra rosca estabilizadora. En el reverso del armazón, cada carro tiene seis luces led de espectro rojo/azul diseñadas para sistemas hortícolas, que estimulan el crecimiento de follaje frondoso. Estas luces recrean artificialmente las condiciones espectrales de los hábitats autóctonos de las plantas, un sustituto rosa brillante del clima tropical. El estante de aluminio soporta las plantas más pesadas y la evidencia del trabajo sucio del cultivo: pilas de tierra, hojas perdidas, rociadores y guantes sucios.

Fig. 5
© HOME-OFFICE

HOT-WALL es un objeto doméstico que yuxtapone los sistemas biotecnológicos y las normas de confort doméstico, produciendo un objeto brechtiano cuyo tamaño, disposición e incómoda cinética no sólo revela el aparato en el trabajo, sino que también resiste imaginarios mínimo-tropicales (Brecht, 1964). Equipado con ruedas robustas y asas ergonómicas, el carro de 2 metros de altura monumentaliza torpemente la planta en el interior doméstico. Esta sencilla máquina no es ni un aparato utilitario ni un objeto de lujo. Es un nuevo tipo de accesorio sensorial, que revela los sistemas técnicos necesarios para el cuidado de ecologías importadas.

Máquinas que producen formas legibles de mayordomía entre las especies de compañía y sus cuidadores humanos, proponiendo nuevas nociones de comodidad de criaturas.

Fig. 6
© HOME-OFFICE

Las luces brillantes producen una forma ambiental – aunque agonista – de coexistencia, confrontando íntimamente al conviviente humano. Cualquier sistema que simpatice con las necesidades biológicas y ambientales de la planta altera inherentemente la estética del espacio doméstico, haciendo eco del llamado de Sara Ahmed (2006:177) a hacer «extraño lo ‘familiar’, o incluso permitir que aquello ignorado, lo que se ha tratado como mueble, baile con vida renovada». Este objeto demasiado grande, torpemente móvil y extrañamente brillante revela estas formas de parentesco con su presencia incómoda en el interior doméstico. La capacidad del carro para reposicionarse constantemente desaloja los arreglos y hábitos familiares de la vida privada, abriendo nuevas estructuras para cohabitar, socializar y cultivar. La mezcla visual de las frondas suspendidas de la palma, las líneas rectas del armazón de aluminio y el brillo rosado de las luces del espectro rojo/azul producen un cuadro en el que las plantas y sus hábitats y ecologías interrelacionales no son telones de fondo estériles, sino entidades vivas, exudantes y confrontacionales. Perturbar los espacios familiares de nuestra esfera doméstica, generalmente bien temperada y cuidada, es un áspero resplandor rosado que crea una atmósfera claramente desconocida, desorientadora. Las paredes se vuelven rosadas, los blancos verdes, y los verdes un carmesí opaco. HOT-WALL pregunta cómo podríamos reformatear nuestros mundos interiores: reorientando arreglos espaciales, tecnologías y hábitos laborales para el cuidado de otros organismos.

Fig. 7
© HOME-OFFICE

HOT WALL

ARQUITECTOS: HOME-OFFICE (Brittany Utting, Daniel Jacobs) • COLABORADOR: Jianing Cui • UBICACIÓN: Houston, Texas, EE.UU. • AÑO DE PROYECTO: 2020 • AÑO DE CONSTRUCCIÓN: 2021

1 El ‘ramo imposible’ era un tipo de naturaleza muerta holandesa del siglo XVII que contenía un arreglo construido de especies botánicas que nunca podrían florecer simultáneamente en la naturaleza y que tenían origen en regiones geográficas y climáticas dispares.

AHMED, Sara. Queer Phenomenology. Durham: Duke University Press, 2006.

BRECHT, Bertolt. «A Short Organum for the Theatre». Brecht on Theatre: The Development of an Aesthetic. Ed. y trad. John Willett. Nueva York: Hill and Wang, 1964.

HORWOOD, Catherine. Potted History: How Houseplants Took Over Our Homes. Londres: Pimpernel Press, 2020.

HUTTON, Jane. Reciprocal Landscapes: Stories of Material Movements. Nueva York: Routledge, 2020.

KOHLMAIER, Georg; VON SARTORY, Barna. Houses of Glass: A Nineteenth-Century Building Type. Cambridge: MIT Press, 1991.

BRITTANY UTTING

<brittany.utting@gmail.com>
Máster en Arquitectura, Yale University, 2014. Su trabajo examina las disposiciones espaciales, políticas y ecológicas de la vida colectiva. Es cofundadora de HOME-OFFICE y anteriormente enseñó en University of Michigan. Es arquitecta registrada en Nueva York y profesora asistente de arquitectura en Rice University.

DANIEL JACOBS

<daniel.p.jacobs@gmail.com>
Máster en Arquitectura, Yale University, 2014. Su investigación se centra en la producción de trabajo y de ecologías materiales del entorno construido. Es cofundador de HOME-OFFICE y anteriormente enseñó en University of Michigan. Es arquitecto registrado y profesor adjunto de arquitectura en University of Houston.