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Nueva Normalidad

Editorial

Francisco Díaz

Editor revista ARQ, Profesor asistente, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile

Poco antes de su repentina muerte en septiembre de 2020, el antropólogo estadounidense David Graeber escribió un pequeño texto (Graeber, 2021). En él recordaba que, tras la gran recesión de 2008, se silenciaron rápidamente todos los cuestionamientos hechos a la financiarización de la economía realizados durante el período más álgido de la crisis; así, apenas la economía se recuperó, todo volvió a operar como antes. Luego se preguntaba si, tras la pandemia, debiésemos volver o no a la normalidad. Su respuesta era un rotundo ‘no’. Para Graeber, la pandemia no ha sido una pesadilla sino más bien el despertar de un sueño, pues sólo en los sueños tienen sentido las situaciones inverosímiles (por ejemplo, extraer renta sin agregar valor, como ocurre en el mercado de suelos).

Quizás todos nos hacemos la misma pregunta que Graeber: ¿Qué va a pasar cuando salgamos de esta? Mal que mal, la pandemia es lo más cercano que nuestra época ha tenido a las carencias y restricciones de una guerra. Por mucho que los cohetes ya estén llegando a Marte, aún no tenemos donde escapar. Ante eso, las respuestas de este 20/21 son binarias: volver a la normalidad previa (al pasado) o bien aventurarnos hacia un futuro incierto (pero futuro, al fin y al cabo).

La respuesta de Graeber – pensar en cómo hacer para que las cosas no vuelvan a ser ‘normales’ – es muy similar a lo que se escuchó en las calles de Chile a fines de 2019. La ‘normalidad’ era el problema, pues naturalizaba las desigualdades estructurales de nuestra sociedad. La pandemia cambió aún más las cosas. Ahora nos preguntamos si habrá algo así como una nueva normalidad.

En realidad, sin embargo, aquello que considerábamos ‘normal’ era una situación inverosímil. Por ejemplo, hace dos años nadie imaginaba que hoy estaríamos ad portas de cambiar la constitución política del país con una Convención Constitucional paritaria y con escaños reservados para pueblos originarios. La antigua normalidad creía que algo así era imposible, pese a que fuera completamente lógico corregir las desigualdades de representación de los grupos históricamente desplazados.

Esas fronteras se han movido a una velocidad inusitada pero necesaria. Es cierto que a algunas personas les cuesta entender ese dinamismo y prefieren volver a la calma de antes. Pero ya no podemos desentendernos de que esa calma era un lujo que no todos se podían permitir.

Desde ARQ ya llevamos un tiempo tratando de seguirle el paso a estas transformaciones, no por una ansiedad presentista, sino porque creemos que estamos siendo testigos de un momento de cambio de proporciones más históricas que noticiosas. Resignificaciones conceptuales y simbólicas, postergación de eventos globales, aires irrespirables, nuevos modelos de vivienda, digitalización del trabajo, virtualización de la enseñanza, vida al aire libre, confinamiento, protecciones faciales, automatización logística, visibilización del trabajo precario, preocupación por el cuidado de agentes no humanos (desde estatuas a plantas hogareñas); todos esos temas – que este número de ARQ incluye – prácticamente no se discutían antes de 2020 y hoy forman parte de nuestra conversación diaria.

La filósofa feminista Nancy Fraser (2021) argumenta que estamos asistiendo al fin de un nuevo ciclo del capitalismo. Desde su fase mercantil, el capitalismo ha sido el principal agente del cambio climático, pues en cada fase explota alguna forma de energía hasta agotarla y forzar el desarrollo de una nueva. En esos procesos de explotación y agotamiento, cuya velocidad ha ido en aumento, el daño ecológico generado se empieza a volver irreversible. Si primero fue la fuerza animal, luego el carbón y posteriormente el petróleo, en la actualidad, según Fraser, es imposible separar la crisis climática de la explotación intensiva del suelo: minera, forestal, agrícola y urbana. Esa crisis, que en principio es ecológica, se vuelve social por los efectos que conlleva. No es sólo un problema de recursos y su explotación, sino de la conciencia de saber que sufriremos las consecuencias del cambio climático sin haber participado ni de los beneficios de la explotación intensiva del planeta, ni de las decisiones que llevaron a ello. De ahí que en este último tiempo hayan surgido con fuerza movimientos feministas, antirracistas, decrecionistas, decolonialistas, ecologistas o indigenistas, por nombrar sólo algunos. Si bien pueden parecer expresiones atomizadas del descontento, se trata de intentos por ampliar los estrechos espacios de participación. Recién se empiezan a hacer visibles las diversas identidades y voces que la antigua normalidad había opacado.

Una vez activado, es difícil que ese proceso social se revierta. Hoy somos un mundo más diverso y con más voces a las que escuchar. ¿Cómo y qué será la arquitectura en esta nueva normalidad? ¿Cómo aparecerán esas nuevas voces en nuestro campo de conocimientos? Nadie tiene la respuesta. Pero esas nuevas voces y miradas sí tendrán un espacio en ARQ pues, siguiendo a Graeber, el peor error tras una crisis sería volver a la misma normalidad que la produjo.

FRASER, Nancy. «Climates of Capital». NLR 127 (January-February 2021).

GRAEBER, David. «After the Pandemic, We Can’t Go Back to Sleep». Jacobin magazine (03.04.2021)

Francisco Díaz

<editor@edicionesarq.cl>
Editor revista ARQ, Profesor Asistente, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile