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Trajes típicos, aire indopacífico

Guillermo Fernández-Abascal

Lecturer, University of Technology, Sydney, Australia

Urtzi Grau

Senior Lecturer, University of Technology, Sydney, Australia.

La pandemia de COVID-19 hizo peligroso algo tan simple como respirar. Así se masificó una nueva arquitectura portátil – la mascarilla – que protege al cuerpo de un entorno hostil. Sin embargo, como propone este texto, esas arquitecturas ya habían aparecido en la región indopacífica, ya sea como protección ante el humo de incendios los gases tóxicos con que se reprimieron las protestas.

En los meses anteriores a la propagación global de COVID-19, una serie de eventos transformaron la atmósfera de la región indopacífica: el humo de un incendio forestal en la costa este de Australia; el gas lacrimógeno en las protestas de Santiago de Chile y Hong Kong; el fallo de la Corte Suprema de India por los fracasos en temas de contaminación en Delhi y activistas cubriendo estatuas icónicas con mascarillas en Johannesburgo y Pretoria, por nombrar algunos. Todos mapearon luchas políticas ubicadas en el aire de la región y que desencadenaron una proliferación de rostros enmascarados antes de la pandemia.

Los acontecimientos en Santiago, Hong Kong, Johannesburgo, Delhi y Sídney se suman para componer estas historias. En cada lugar, la composición atmosférica condujo al desarrollo de protecciones físicas, respondiendo a las condiciones locales. Estas protoarquitecturas del cuerpo ilustran cómo, antes de nuestra pandemia global, las máscaras y las mascarillas ya eran parte del imaginario indopacífico. Juntos forman una colección de trajes típicos para una región en ciernes y, por extensión, un mapa parcial de esa sustancia amorfa que conecta el Indopacífico: su aire.

La popularización de máscaras – tecnologías personales para protegernos del aire que respiramos – podría estar relacionada a un mayor acceso a los datos de calidad del aire y a las recomendaciones sanitarias adjuntas como ‘Alerta ambiental, por favor permanezca en su casa’. A diferencia de purificadores de aire, humidificadores o filtros de aire acondicionado – electrodomésticos utilizados en la escala del edificio -, las máscaras controlan el aire que una persona está respirando. Mientras complementan el sistema respiratorio del individuo, establecen una relación íntima con su cuerpo. Sin embargo, respirar aire dañino con seguridad tiene consecuencias, ya que las máscaras y mascarillas desfiguran a sus usuarios. Oscurecen el conjunto de características físicas que se presentan a los demás. Esconderse detrás de una máscara, convertirse en ‘otro’, tiene una larga tradición. Desde superhéroes hasta manifestantes, desde robos hasta carnaval, un nuevo rostro construye una nueva identidad, ya sea individual, como la cirugía plástica, o colectiva, como el pasamontañas zapatista. Sin embargo, la explosión de nuevos rostros en la región indopacífica no fue una decisión, sino un efecto secundario, un rostro colectivo no intencional desencadenado por las condiciones ambientales.

Máscaras P2 de Sídney

La demanda de máscaras P21 aumentó dramáticamente en ciudades de la costa este de Australia a fines de 2019. El origen de esta popularidad fue la temporada de incendios forestales 2019-2020. En tres meses se quemaron unos 18,6 millones de hectáreas, destruyendo cerca de 6.000 edificios, matando a más de 30 personas y más de mil millones de animales, y liberando 306 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, cerca del 60% de las emisiones anuales de CO2 de Australia2. El 90% de las partículas en suspensión no llegaban a las 2,5 micras (PM2,5). Estas dimensiones les permiten alcanzar los alvéolos pulmonares y saltar directamente al torrente sanguíneo. Los impactos en la salud de la exposición prolongada a partículas PM2,5 van desde irritación de las vías respiratorias hasta asma, reducción de la función pulmonar, insuficiencia cardíaca y muerte prematura. Entre diciembre y enero, los niveles pM2,5 alcanzaron los 400 μg/m³ en el Distrito Central de Negocios de Sídney (CBD) y superaron los 200 μg/m³ en la mayoría de los suburbios de Sídney (como referencia, en 2017, el año más contaminado en Beijing de acuerdo al índice de calidad de aire – AQI -, el nivel de PM 2,5 alcanzó 121 μg/m³). Como el AQI global alcanzó 600, su escala perdió sentido pues el va-lor considerado ‘peligroso’ atmosféricamente, representado con un rojo profundo, era 2003.

Con esa concentración, los mapas AQI online son innecesarios. Las partículas PM2,5 suspendidas dispersan la luz solar con longitud de onda más corta (colores azules) y se saltan las ondas más largas (colores rojos). La materialidad de las cenizas tiñó la atmósfera y el cielo anaranjado sustituyó el código de color en los informes diarios de calidad del aire del gobierno de Nueva Gales del Sur. Las imágenes de koalas quemados, bomberos exhaustos negándose a dar-le la mano al primer ministro Scott Morrison, la escasez de máscaras en comunidades aborígenes y turistas atrapados en las playas por el fuego, todos tenían en común el color del cielo. El aire anaranjado se convirtió en un símbolo de indignación pública.

El 11 de diciembre, con el AQI por sobre ‘peligroso’ en Sídney, una primera protesta pública, el Climate Emergency Rally, reunió a 20.000 personas en el CDB. La siguió una segunda protesta el 10 de enero, en condiciones atmosféricas similares, cuando 30.000 personas se reunieron en el mismo lugar bajo el lema ‘Sack SCOMO!’, refiriéndose al primer ministro. Organizadas por Extinction Rebellion y University Students for Climate Justice, ambas protestas exigían recursos para luchar contra los incendios y reformas en las políticas de cambio climático.

Las máscaras P2 fueron esenciales durante las pro-testas. Su tela de polipropileno no tejido filtra al menos el 94% de las partículas inferiores a 0,5 micras, reduciendo los efectos del aire tóxico en el cuerpo humano, y es especialmente eficaz para tratar partículas PM2,5. Pero las capas no tejidas permitían más que respirar. Usarlas se convirtió en una característica distintiva de los manifestantes. Cubrir sus rostros con una prenda tradicionalmente reservada para obras de construcción4 definió su identidad colectiva. La máscara también se convirtió en una demostración literal de las razones para protestar, evidenciando el aumento de partículas PM2,5 producto de un incendio forestal conectado a la sequía del cambio climático y avivado por el apoyo estatal al ‘carbón limpio’5. La máscara demostró cómo el polvo de carbón hacía a Sídney, literal y metafóricamente, irrespirable. Es decir, la tela reflejaba la estratificación de la práctica política, la agencia y la acción, materializándose en las prendas.

Fig.1 Manifestante no identificado, Concentración por la Emergencia Ambiental, 10 de diciembre de 2019, Sídney.
Fuente: © Hamish McIntosh

Colección santiaguina envuelta en pañuelos de cenizas empapadas en cal de soda

En enero de 2020, la NASA publicó imágenes en que las cenizas de los incendios australianos cruzaban el océano Pacífico, llegando a Chile. Pero ya desde octubre de 2019, un polvo de carbón de distinto origen cubrió capuchas en Santiago, Valparaíso, Concepción, Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Rancagua, Chillán, Valdivia, Osorno, Puerto Montt y Punta Arenas en respuesta a otro tipo de riesgo sanitario en el aire.

Entre octubre de 2019 y enero de 2020, estos lugares presenciaron los mayores disturbios civiles en Chile desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet. Inicialmente provocadas por un alza en el transporte público de Santiago, las protestas cristalizaron el descontento social por años de desigualdad económica, racial y de género. La escala y repercusión de estos eventos no tenían precedentes. La marcha más grande reunió a más de un millón de personas; ocho ministros dimitieron; y, finalmente, el gobierno acordó realizar un plebiscito para reescribir la Constitución de 1980.

La reacción inicial del gobierno chileno fue más familiar. El 19 de octubre se declaró estado de emergencia, transfiriendo el control de las zonas afectadas al ejército que, posteriormente, impuso un toque de queda citando los disturbios por primera vez desde el fin de la dictadura. Treinta y dos personas murieron y 2.000 policías resultaron heridos. Aún se desconoce el número de manifestantes heridos, pero el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) reportó más de 11.180 hospitalizados y más de 8.800 detenidos, documentando casos de tortura, abuso y agresión sexual (INDH, 2019). La policía hizo un uso extensivo de carros lanzaaguas, perdigones, balas de goma y bombas lacrimógenas6.

Las bombas contenían 2-clorobenzalmalononitrilo (C10H5ClN2), comúnmente conocido como gas CS (las iniciales de Ben Corson y Roger Stoughton, quienes lo sintetizaron por primera vez en 1928). El gas CS es uno de los cerca de 15 tipos regularmente utilizados como lacrimógenos y, debido a sus poderosos efectos, el preferido por gran parte de las policías, incluida la chilena, para el control antidisturbios. Sus efectos incluyen lágrimas, tos profusa, quemaduras en ojos y garganta, desorientación, mareos y dificultades respiratorias. Notablemente, si bien el CS se utiliza contra civiles en todo el mundo, no es considerado apto para la guerra. Como cualquier agente lacrimógeno, fue prohibido internacional-mente desde el final de la Primera Guerra Mundial7.

Manuales digitales ampliamente distribuidos recomendaban a los manifestantes usar vinagre o jugo de limón, pues su composición ácida contrarresta los efectos del gas. Otro método consiste en triturar carbón, ya que las cenizas podrían filtrar el gas Cs. Ambos métodos consisten en empapar un pañuelo y atarlo firmemente en el rostro. Sin embargo, estos métodos son tan populares como ineficaces, pues el efecto de líquidos carbónicos o ácidos cerca de los ojos y membranas mucosas no sólo no protegería del gas CS, sino que podría convertirse en fuente de irritación8.

La eficacia de los pañuelos debe considerarse en cuanto a agencia y acción política. Incluso si su capacidad para filtrar el gas CS es limitada, su papel en las protestas fue esencial. Durante el régimen de Pinochet, el anonimato era crucial para escapar de la represión. Este papel persistió en las protestas de 2019-2020, incluso si cubrirse parcialmente el rostro invitaba a otras prácticas políticas.

Las lesiones oculares durante las protestas, incluidos estallidos oculares9, hicieron que cubrirse un ojo fuera un símbolo de la lucha contra la brutalidad policial. Paralelamente, la performance de LASTESIS, «Un violador en tu camino», se convirtió en un ícono mundial de la lucha contra la violencia de género. Inicialmente realizada en Valparaíso el 18 de noviembre por cuatro miembros del colectivo – con una venda negra en los ojos y un pañuelo verde en el cuello como apoyo a los derechos reproductivos -, fue reproducida en las protestas de Chile y finalmente en todo el mundo. Cabe destacar el «Manifiesto capucha»10 de La Escuela Nunca, presentado el 1 de febrero de 2020, cerca de «Plaza Dignidad» (nombre dado a Plaza Baquedano tras las protestas del 18 de octubre). Su llamado, «(r)enunciamos al nombre propio, llamamos a perder la identidad, a perder la cara, el género, la nación, a devenir capucha, carne, sangre, organismo vivo y múltiple»11, es quizás el ejemplo más consciente de cómo las máscaras combinan la práctica, la agencia y la acción. El manifiesto las presenta como una herramienta esencial para la imaginación política requerida en el proceso constituyente. Sin embargo, quizás el gobierno entendió mejor el peligro que significaban estas prendas para la arquitectura tradicional al patrocinar las leyes ‘antiencapuchados y antisaqueo’12. Aprobadas el 27 de noviembre por los diputados y el 4 de diciembre por el senado chileno, las leyes vinculan las máscaras con la destrucción de edificios, confirmando su capacidad para fundir la arquitectura con el aire.

Fig. 2 Aparición #1 La calle en disputa, entre el 25 de enero y el 1 de febrero de 2020, Santiago.
Fuente: © Bruno Salas

Combinación de mascarilla, lentes, maquillaje y puntero láser de Hong Kong

Dos meses antes de la ley ‘anticapucha’, otro gobierno argumentaba parecido. El 4 de octubre de 2019, las autoridades de Hong Kong invocaron una ley de la época colonial, la Ordenanza de Reglamentos de Emergencia, que confirió a la directora ejecutiva, Carrie Lam, poderes excepcionales para legislar, saltándose al parlamento de la ciudad. Al día siguiente, Lam aplicó la Ley de Prohibición de Cobertura Facial (PFCR)13, una ley antimáscara para que los manifestantes no «destruy(er)an la ciudad»14.

La PFCR apareció siguiendo las protestas de 2019-2020 en Hong Kong, las más largas y extensas en la historia de la ciudad-Estado. Comenzaron con manifestaciones limita-das en marzo de 2019, desencadenadas por el proyecto de enmienda a la ley de delincuentes fugitivos, debilitando la separación de Hong Kong del sistema legal de China continental. El 9 de junio las manifestaciones alcanzaron cifras récord: más de un millón, según los organizadores. Los manifestantes irrumpieron en el Consejo Legislativo de la ciudad y lograron cerrar el Aeropuerto Internacional de Hong Kong intermitentemente durante varios meses. En noviembre, los manifestantes ocuparon varias universidades que luego la policía asedió y asaltó. La policía y los manifestantes, así como grupos pro-Beijing, se enfrentaron a través de la ciudad. Más de 9.000 personas fueron detenidas y al menos 2.000 han sido procesadas15.

Las protestas también afectaron el aire, generando preocupación por sus efectos en la población hongkonesa. Hasta 2019, la policía disparó más de 10.000 bombas lacrimógenas, liberando una cantidad sin precedentes de CS a un entorno urbano densamente poblado16. Las conexiones entre la atmósfera de la ciudad y las manifestaciones no eran nuevas. El nombre Revolución de los Paraguas de 2014 se originó de los elementos utilizados como defensa ante las bombas lacrimógenas. Los paraguas también jugaron un papel en 2019; sin embargo, las grandes cantidades de gas y su uso indiscriminado en espacios cerrados los hicieron menos eficaces. Además, cubrirse el rostro resultaba esencial para evitar ser identificados. Mientras las tecnologías de reconocimiento facial se desarrollaban, convirtiendo los rostros en armas contra la multitud, las máscaras se convertían en imágenes distintivas del movimiento17.

Como asfixiar a los manifestantes era menos eficiente que registrar sus datos biométricos, el PFCR amplió la definición de máscara para incluir pintura o cualquier forma de cobertura facial. Pero las máscaras de rostros pintados proliferaron en las protestas de Hong Kong, especialmente Guy Fawkes, popularizado en la película de 2005 V for Vendetta, símbolo del movimiento Ocupy Wall Street entre 2011 y 2012, y Joker de la película homónima de 2019. Junto a la máscara de la serie La casa de papel (Netflix), inspirada en Dalí y popular en las protestas chilenas, ilustran cómo los íconos globales de insurrección popular son productos culturales bien comercializados18. La capacidad de apropiación de personajes cinematográficos también aprovechó los estereotipos de género. Según las manifestantes, las ideas preconcebidas sobre maquillaje se convirtieron en una forma efectiva de camuflaje, pues no se espera que las mujeres lo usen para protestar19. Otras contramedidas se centraron en la tecnología, como desactivar la identificación facial de los celulares (Mozur, 2019) y cegar cámaras de vigilancia con punteros láser, extendiendo las capacidades de camuflaje de las máscaras20.

Paraguas, antiparras, maquillaje, estereotipos hollywoodenses, apps, cascos de construcción, mascarillas; la lista de tecnologías ad hoc, identidades culturales y camuflaje digital que dio forma a las máscaras de Hong Kong es extensa y rebasa los rostros de los manifestantes. Las más-caras se disolvieron en la ciudad con láseres y redes telefónicas, incluso accionado el caso legal que definió el destino de la ciudad. El 18 de noviembre, el Tribunal Superior de Hong Kong declaró inconstitucionales varias secciones del PFCR. Posteriormente, la Comisión de Asuntos Legislativos – el máximo órgano legislativo de China – declaró que la única autoridad en asuntos constitucionales en la ciudad era el Comité Permanente del Congreso Popular Nacional, NPCSC (Yu, 2019). Estaba en juego el lema ‘un país dos sistemas’, un principio constitucional de la República Popular China que describe la autonomía económica y administrativa de Hong Kong. El enfrentamiento legal entre Beijing y Hong Kong sobre quién debía legislar sobre los rostros cubiertos duró más de un año. El 20 de diciembre de 2020, el Tribunal Superior de Hong Kong declaró inconstitucional el PFCR, afirmando que podía legislar sobre la constitucionalidad de las leyes de Hong Kong sin disminuir la autoridad del NPCSC (Davidson, 2020). Este contorsionismo legal también mostró que las máscaras hongkonesas no sólo permitían protestar o respirar mientras escapaban de los sistemas de reconocimiento facial: también fueron el objeto que capturó los objetivos de protesta.

Fig. 3 Manifestante no identificado, Hong Kong, 2019.
Fuente: © Matthew Connors

Mascarilla de lujo diseñada por asmáticos-suecos-emigrados de Delhi

Mientras tanto, el 1 de noviembre de 2019, el gobierno del Territorio Capital Nacional de Delhi (NCT) distribuyó cinco millones de mascarillas en las escuelas de Delhi, desencadenando la reacción opuesta de la Corte Suprema de India: no eran suficientes. Después de una semana de contaminación severa, el tribunal ordenó al gobierno encontrar una solución inmediata, impuso restricciones al uso de petardos durante los cinco días de celebración de Diwali, el festival de la luz hindú, y ordenó al NCT y a las regiones adyacentes aplicar efectivamente resoluciones anteriores sobre contaminación21. La calidad del aire no era un problema nuevo, pero, en noviembre de 2019, Delhi sufrió uno de los peores períodos de contaminación registrados, obligando a las autoridades a declarar emergencia sanitaria. El AQI alcanzó los 450 (en India el umbral ‘peligroso’ está entre 300 y 500) y la concentración de PM2,5 alcanzó niveles 20 veces superiores a los estándares de la OMS. A los peatones les costaba respirar. El espeso smog limitaba la visibilidad e irritaba los ojos. A fines de 2019, la quema estacional de rastrojos se sumó a las emisiones de autos, la quema de residuos y al polvo de construcción. Cada invierno, más de dos millones de agricultores queman 23 millones de toneladas de rastrojos en unos 80.000 km2 de tierras al norte de India. La geografía, los lentos vientos invernales llenos de polvo del Golfo y la inversión en aire frío mantienen la contaminación cerca del suelo. Combinados, produjeron un cóctel letal de partículas, dióxido de carbono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre.

Luego de distribuir mascarillas gratuitamente se introdujo un plan para reducir la contaminación del tráfico, autos con matrículas impares o pares conducirían en días determinados. Se detuvo la construcción. La Corte Suprema consideró estas medidas insuficientes y exigió que se aplicara una serie de fallos de los casos presentados por el activista legal M.C. Mehta. El 4 de noviembre, la Corte emitió una orden acusando a los gobiernos estatales de NCT, Punjab, Haryana y Uttar Pradesh de no cumplir con sus obligaciones en la quema de rastrojos22. El 6 de noviembre emitió una segunda orden para que los gobiernos estatales pusieran en marcha urgentemente un plan subsidiado para detener la quema de rastrojos23. El 13 de noviembre, actuando suo motu – por voluntad propia, sin moción previa o solicitud de ninguna de las partes – el tribunal ordenó el cierre de las escuelas de Delhi-NCR y aconsejó evitar exponerse al aire libre y trabajar desde casa si fuera posible24. El 13 y el 15 de noviembre, dos nuevas sentencias en los casos de M.C. Mehta instaron al gobierno de Delhi a instalar torres purificadoras de aire en toda la ciudad en un plazo de diez días25.

Este requisito de infraestructura para filtrar aire continúa la historia de jurisprudencia ambiental del tribunal fundada en el artículo 21 de la Constitución de India: «Ninguna persona será privada de su vida o libertad personal, excepto de acuerdo con un procedimiento establecido por la ley»26.

Desde los ochenta, el tribunal ha interpretado consistente-mente la palabra ‘vida’ para incluir el derecho a un medioambiente saludable. La búsqueda de soluciones públicas y colectivas del tribunal también explican su actitud hacia las mascarillas. La Constitución implica que el Estado debe proteger el bienestar de sus ciudadanos. El acceso igualitario al aire respirable es un derecho colectivo. No puede abordarse individualmente, especialmente si la esperanza de vida para los niños de clase media de Delhi con acceso al aire filtrado es cinco años mayor que la de niños de clase baja (Taylor, 2020). Como la limpieza del aire que uno respira dicta cuántos años viven los ciudadanos indios, el acceso a las mascarillas es un símbolo de privilegio, del derecho a mantenerse con vida.

Este es el contexto en el que Alexander Hjertström, un inmigrante asmático sueco radicado en India, concibió ‘Airinum’, el accesorio de moda que le permitiría respirar en Delhi. Su premiada mascarilla reutilizable y ajustable, diseño escandinavo fabricado en China y certificado KN95, filtra partículas PM2,5. Acolchado alrededor de la nariz, evita lentes empañados y fugas de aire sin filtrar. Sus filtros reemplazables duran 100 horas y sus válvulas de expulsión dificultan la acumulación de CO2. Con su precio en línea de US$ 75 – y US$ 100 en ediciones limitadas desarrolladas con marcas internacionales como Bally, Woolrich, Alan Walker, Nemen, Marine Serre y MoMA – las mascarillas Airinum capturan la gentrificación del aire limpio, pues el salario mensual promedio de la India es de US$ 437. Pero más allá de profitar de la atmósfera contaminada de Delhi para ganancias europeas y chinas, las mascarillas son parte de una tendencia global: se convirtieron en un artículo de lujo, como pronto lo será aquello que filtran27.

Fig. 4 Gwyneth Paltrow, Vuelo a París con una mascarilla Airinum, 26 de febrero de 2020, Instagram
Fuente: © Hamish McIntosh

Mascarillas escultóricas de Johannesburgo y Pretoria, de factura local y construcción mundial

Meses antes, las máscaras viajaron en la dirección opuesta – desde Europa a otra excolonia, Sudáfrica – para protestar contra las condiciones atmosféricas de Johannesburgo y Pretoria. El 14 de marzo de 2019, como parte de la campaña ‘Clean Air Now!’, activistas de Greenpeace subieron a la estatua de Madre con Niño en el Bree Taxi Rank, a la estatua de Brenda Fassie en Newtown, al Minero fuera de la Cámara de Minas, y a la estatua del Jefe Tshwane frente al Ayuntamiento de Pretoria, poniéndoles mascarillas gigantes manufacturadas como protesta contra la contaminación de NO2 causada por centrales eléctricas de combustión a carbón28.

La protesta fue dirigida a Mpumalanga, una región vecina con los niveles más altos de NO2 en el mundo. La pequeña provincia representa el 83% de la producción de carbón sudafricana, produciendo el 75,2% de la energía en el sur de África en doce centrales eléctricas de carbón29. Debido a las inversiones nocturnas de temperatura en la región, la contaminación no se dispersa, superando entre 6 y 7 veces los estándares de la OMS durante los meses de invierno30. Los vientos predominantes del este exponen a la conurbación Johannesburgo-Pretoria, con una población de aproximadamente 10 millones de personas, a los efectos del NO2 (incluyendo sibilancias, gripe, bronquitis, asma y tasas crecientes de enfermedades cardíacas y cáncer de pulmón), un factor clave en las 20.000 víctimas estimadas anualmente por causas relacionadas a la contaminación (The World Bank, 2016).

Las estatuas enmascaradas se manifestaron localmente, pero también fueron parte de un esfuerzo global. El 18 de abril de 2016, en Londres, activistas subieron a la columna de 52 metros del monumento al almirante lord Nelson en Trafalgar Square y le pusieron una máscara de gas. El oficial de la Royal Navy no fue el único31. El 18 de mayo de 2018, la estatua de Diana Cazadora en Ciudad de México también recibió una mascarilla como protesta por el aire de la ciudad. Fechas y lugares muestran la ruta de las máscaras hacia Johannesburgo, demostrando que la contaminación trasciende los contextos culturales para afectar a almirantes coloniales, héroes poscoloniales y bienes por igual.

Los datos de contaminación de NO2 tras esta hipótesis también llegaron desde Europa. En octubre de 2017, la Agencia Espacial Europea lanzó el satélite Copernicus Sentinel-5P dedicado a monitorear la contaminación. Desarrollado mediante un consorcio financiado por el gobierno holandés32, el espectrómetro Tropomi del satélite superó a los instrumentos espaciales actuales, tomando mediciones cada segundo que cubren un área de 2.600 km de ancho y 7 km de largo en una resolución de 7 × 7 km. Greenpeace, organización con su sede global en los Países Bajos, citó los mapas NO2 generados por Sentinel-5P, donde se ve una nube roja sobre la conurbación Johannesburgo-Pretoria, como evidencia de la protesta33. Si bien estas representaciones atmosféricas de Sudáfrica están disponibles públicamente, aún están construidas y controladas por Europa34. Pero las estatuas enmascaradas no sólo refuerzan historias coloniales; también son parte de la reactivación global de la agencia política de los monumentos. El movimiento Black Lives Matters atrajo la atención mundial a los monumentos públicos de figuras confederadas, colonizadores, conquistadores o esclavistas. Como explicaba la carta abierta para reubicar la estatua del Capitán Cook, la presencia pública de los monumentos los convierte en portadores de historias colectivas, a menudo traumáticas, en el presente. Su poder para actualizar el pasado, para hacerlo tangible hoy en día, es la razón por la que estos monumentos infames pertenecen al museo. Allí, pueden tratarse como artefactos históricos, reevaluados y contextualizados correctamente35. Si los monumentos públicos son sitios que abordan valores comunes, qué mejor lugar para discutir uno de los pocos comunes que nos quedan: nuestro aire. De hecho, las máscaras de Johannesburgo y Pretoria inscribieron activamente a estos poderosos seres inanimados en las disputas por el aire que respiramos.

Fig. 5 Líder Tshwane fuera de Pretoria City Hall, 14 de marzo de 2019.
Fuente: © Shayne Robinson

Aire indopacífico

El vínculo entre estos eventos es, por supuesto, una cons-trucción; hace ocho años, el Australian Defence White Paper de 2013 (Gobierno de Australia, 2013) cambió formalmente el país de la región del Pacífico a la indopacífica. Así, Australia se trasladó oficialmente a una región creada ex proposito, entre la costa oeste de Sudamérica hasta el Golfo y entre el sudeste asiático hasta la costa este de África. La nueva región había sido teorizada en círculos diplomáticos desde la década de 192036. Sin embargo, no fue hasta el aumento del comercio marítimo en los 2000, el surgimiento de las economías BRICS, la hegemonía regional de China y las reorganizaciones geopolíticas posteriores a 2001 que Australia decidió ser el primer país en reconocer la pro-puesta y reubicarse allí.

Desde este evento, la existencia de la región indopacífica ha sido tratada como una realidad de facto en acuerdos comerciales, intercambios culturales y subvenciones al desarrollo, mientras que su caracterización real varía según los organismos, partes o políticas involucradas. No es una condición extraña: una cacofonía de definiciones jurídicas también delinea regiones bien establecidas como Europa37. De hecho, el contorno borroso no es la característica más distintiva del Indopacífico. Mas bien, lo que la distingue es su naturaleza instantánea. La repentina invención de la región indopacífica fue una operación doble; incluyó tanto el acto de nombrarla como el de construir su historia. Y aunque los límites geográficos de la región se declararon en su nombre, las narrativas que mantienen su geografía unida apenas existen. Mezclan, por ejemplo, historias profundas originadas en Gondwana, las ruinas de los imperios colonizadores, las luchas populares de las Primeras Naciones, o las similitudes de la agitación política reciente pero geográficamente distante.

Como cualquier otra sección de la atmósfera terrestre, los componentes centrales del aire indopacífico son nitrógeno, oxígeno, argón y dióxido de carbono (CO2). Sus niveles cambiantes de humedad se vinculan a la cantidad de vapor de agua que contiene. Su composición también se define por aumentos y disminuciones en el flujo de temperatura y velocidad, gases como dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2), ozono y otros contaminantes, partículas de polvo y cenizas, cada uno con sus propias cualidades químicas y físicas. El aire es universal y local, un continuo que no respeta los límites políticos y es todo menos homogéneo. Regulaciones locales, introducción de vegetación, emisiones industriales, descargas de lacrimógenos, eventos climáticos o erupciones volcánicas son condiciones localizadas. Como tal, sus efectos nunca se contienen y siempre están situados geográficamente. Paradójicamente, si bien la heterogeneidad del aire no está limitada por fronteras nacionales o regionales, sus representaciones lo están. Las descripciones atmosféricas varían según la agencia a cargo. Por ejemplo, el AQI se utiliza globalmente para describir la calidad del aire y sus riesgos asociados para la salud. Hay tantos AQI como estándares nacionales sobre calidad del aire, cada uno con sus propias unidades, colores y alertas38. Por lo tanto, el significado de ‘calidad del aire’ difiere según la ubicación.

Las definiciones locales responden a controversias locales y a menudo tienen consecuencias globales. Por ejemplo, recientemente y coincidiendo con el aumento de la negación del cambio climático, Estados Unidos ha flexibilizado los límites en los niveles aceptables de contaminantes (Eilperin & Dennis, 2020). La UE ha endurecido sus normas desde que la Comisión Europea aprobó la Nueva Directiva en Calidad del Aire en 200839. Mientras tanto, China ha utilizado su recién lanzado AQI para abordar los niveles críticos de contaminación en sus principales ciudades (Hsu, 2012). Estas diferencias complican aún más la descripción del aire, vinculando sus representaciones con la política local de la región y estableciendo diferentes estándares para lo que es aceptable para la salud de sus ciudadanos.

El nacionalismo romántico del siglo XIX infamemente confeccionó trajes típicos como una herramienta para establecer el vínculo esencial entre identidad nacional y territorio. En Europa, su materialidad y diseño se convirtieron en el vehículo para conectar las tradiciones culturales locales amenazadas por la modernización con relatos idealizados de la vida campesina firmemente arraigada en el clima, la mano de obra agrícola y el campo preurbano. Mientras la antropología utilizaba flagrantemente estas túnicas como explicaciones simbólicas, estructurales o semióticas para formular teorías de superioridad cultural apoyando imperios coloniales y un orden social existente en casa. Leídas como índices de desarrollo, las Ferias Mundiales mostraban profusamente prendas no occidentales – a menudo usadas por miembros del grupo étnico que el traje intentaba representar – reforzando la mirada exotizante de los visitantes occidentales. En resumen, los trajes típicos van de la mano con el ejercicio del poder40.

Describir las máscaras de 2019 como trajes típicos podría trazar paralelismos. Al igual que los inventados en el siglo XIX, estos trajes también son construcciones sociotecnológicas. Sus descripciones también combinan respuestas a las condiciones ambientales, preocupaciones culturales y políticas, y técnicas y tecnologías disponibles. Sin embargo, no ilustran un vínculo esencial entre la identidad nacional y el territorio, ni implican explicaciones simbólicas, estructurales o semióticas para validar el neocolonialismo o las desigualdades. Al contrario, estas prendas ejemplifican la cultura como un proceso que emerge a través de la agencia, la práctica y la acción. Al igual que el aire, navegan – y a menudo desafían – las relaciones entre las condiciones locales y las redes globales. Son máscaras, arquitectura portátil que visibiliza el aire de la región.

1 P2 es una clasificación de máscaras definida por el Reglamento de Equipos de Protección Personal definido por la Administración de Bienes Terapéuticos del Gobierno australiano. Máscaras similares también se conocen como EN 149 FFp2 cuando siguen las normas del Comité Europeo de Normalización (CEN), N95 cuando están certificadas por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos, o KN95 cuando cumplen con la norma nacional GB 2626-2019 de protección respiratoria de la Administración de Normalización de China.

2 No ha habido un informe oficial unificado sobre las consecuencias de los incendios forestales, pero varias organizaciones de noticias han informado de cifras similares: SBS News (2020), O’Mallon y Tiernan (2020), Readfearn (2019), Lee (2019).

3 Los datos históricos de calidad del aire incluyendo la temporada 2019-2020 de incendios forestales para Sídney y Nueva Gales del Sur disponible públicamente en: <https://www.dpie.nsw.gov.au/air-quality/air-quality-concentration-data-updated-hourly/daily-air-quality-data>.

4 Antes de convertirse en un producto básico en las farmacias debido al COVID-19, las mascarillas P2 estaban disponibles en ferreterías como Bunnings y Sydney Tools. Esa conexión pronto se vio socavada. Doce días después del primer proceso, el gobierno australiano anunció la compra de un millón de mascarillas para enfrentar la escasez ante el creciente número de casos de COVID-19 en China (McCauley y Clun, 2020).

5 Las protestas pedían específicamente detener el apoyo al ‘carbón limpio’, un eufemismo utilizado para validar la preferencia de Australia por los combustibles fósiles sobre las fuentes de energía limpia reales. El carbón y su polvo han jugado un papel clave en las políticas de cambio climático en Australia. En febrero de 2017, el tesorero del gobierno, que pronto será primer ministro, Scott Morrison, contrabandeó un trozo de carbón y despreció el compromiso de la oposición laboral y verde hacia las energías renovables. Sus palabras «No teman, no teman, no les hará daño. Es carbón», acompañaron una imagen que se convirtió en un ícono infame de los negacionistas del calentamiento global. El trozo de carbón, sostenido por la prístina mano del tesorero y sin dejar residuos, se convirtió en una evidencia literal de ‘carbón limpio’.

6 Según Forensic Architecture, en un sólo día, 20 de noviembre de 2019, la policía disparó hasta 596 bombas lacrimógenas en un sólo lugar, Plaza Dignidad. Véase la publicación de esta investigación en esta edición de ARQ.

7 Texto completo del «Protocolo para la prohibición del uso en guerra de gases asfixiantes, venenosos u otros gases, y de métodos bacteriológicos» posterior a la Primera Guerra Mundial, en el tratado ONU: <http://disarmament.un.org/treaties/t/1925>. La versión actual de la prohibición está incluida en la Convención sobre Armas Químicas de 1993: <https://www.opcw.org/chemical-weapons-convention>.

8 El Instituto Internacional de Seguridad de Noticias, «Protegiéndote de los gases lacrimógenos», sin fecha. Disponible en: <https://newssafety. org/safety/advisories/protecting-yourself-from-tear-gas/>

9 Según el INDH (2019), 427 personas recibieron lesiones oculares a manos de la policía durante las protestas.

10 La Escuela Nunca es una escuela parainstitucional, «personal, afectiva, no jerárquica, abierta y libre», organizada por el Grupo Toma a través de la efímera ‘apariciones’.

11 La Escuela Nunca. «Manifiesto Capucha». Sábado 1 de febrero de 2020. Girardi, Santiago, Chile. Disponible en: <https://laescuelanunca.org/Ap-1-manifiesto-colectivo>.

12 La ‘ley antiencapuchados’ es el nombre popular de la ley aprobada por el Senado chileno el 28 de noviembre de 2019.

13 El texto íntegro de la Ley de Prohibición de la Cobertura Facial puede consultarse en: <https://www.elegislation.gov.hk/hk/cap241K>

14 Carrie Lam citada en «Hong Kong: Anger as face masks banned after months of protests», Noticias de la BBC, 4 de octubre, 2019.

15 Hong Kong Watch informa de arrestos y procesamientos diariamente en su ‘base de datos de procesamientos de protesta’. Disponible en: <https://www.hongkongwatch.org/protest-prosecution>

16 Associated Press ha informado sobre los efectos a largo plazo de CS en las protestas de Hong Kong. Véase: <https://apnews.com/article/0467edbcbc544878bd5f3c520c6a735f>. Si bien ProPublica ha planteado preocupaciones similares en el contexto de la pandemia de COVID: <https://www.propublica.org/article/tear-gas-is-way-more-dangerous-than-police-let-on-especially-during-the-coronavirus-pandemic>.

17 El 26 de septiembre, 2014, el término ‘Umbrella Revolution’ apareció por primera vez en Twitter. Para el 29 de septiembre, The Independent estaba usando el nombre para describir la protesta. Ver: <https://www. independent.co.uk/news/world/asia/hong-kong-protests-pictures-umbrella-revolution-9761617.html>.

18 La proliferación de estas máscaras en las protestas mundiales como íconos anti-establishment está bien documentada. Ver: Clarke (2019), Kaur (2019), Mounier (2019), Cereceda (2019) <https://www.euronews. com/2019/10/30/the-joker-paradox-how-a-mask-can-obscure-the-true-face-of-a-protest>.

19 This American Life destacó el uso del maquillaje en las protestas en su episodio del 18 de octubre de 2019, ‘Umbrellas Up’. Ver: <https://www. thisamericanlife.org/686/umbrellas-up>

20 El 10 de agosto de 2019, la policía de Hong Kong utilizó la expresión ‘armas ofensivas’ para referirse a los punteros láser después de arrestar a un estudiante universitario por comprar diez de ellos; esa noche los manifestantes respondieron escenificando un espectáculo colectivo de luz en las fachadas de los edificios (Jacobson, 2019).

21 El 15 de octubre de 2019, un informe especial sobre los puntos críticos de contaminación en NCR solicitando instrucciones urgentes para mejorar el monitoreo y el control de la contaminación se puso en marcha. Este informe se creó para informar a la Corte Suprema de la situación sobre el aire tóxico en las condiciones climáticas adversas del invierno de Delhi. El documento se puede encontrar en: <http://www.indiaenvironmentportal.org.in/content/465992/special-report-on-pollution-hot-spots-in-ncr-with-request-for-urgent-directions-to-improve-enforcement-and-pollution-control/>.

22 El fallo completo de la Corte Suprema de India en el asunto de M.C. Mehta vs. Unión de India y otros, con fecha 04/11/2019, relativa a la contaminación en Delhi y la NCR, especialmente agravada por la quema de rastrojos, se puede encontrar en: <http://www. indiaenvironmentportal.org.in/files/file/Delhi_pollution-SC_ Order_04-Nov-2019.pdf>.

23 El fallo completo de la Corte Suprema de India en el asunto de M.C. Mehta vs. Union of India y otros, con fecha 06/11/2019, relativa a la contaminación del aire en Delhi, agravada por la quema de rastrojos, puede encontrarse en: <http://www.indiaenvironmentportal.org.in/ files/file/stubble-burning-SC_Order_06-Nov-2019.pdf>

24 El fallo suo motu de la Corte Suprema de India en el asunto de «El grave problema al que se enfrentan los ciudadanos en Delhi y las zonas adyacentes debido a la contaminación atmosférica aguda» se puede encontrar en: <http://www.indiaenvironmentportal.org.in/files/file/air-pollution-north-India-SC_Order_13-Nov-2019.pdf>.

25 El fallo completo de la Corte Suprema de India en materia de M.C. Mehta vs. Unión de India, con fecha 13/11/2019, relativa a la contaminación atmosférica en la NCR de Delhi, se puede encontrar en: <http://www.indiaenvironmentportal.org.in/files/file/smog-towers-SC_Order_13-Nov-2019.pdf> y el fallo en el asunto de M.C. Mehta vs. Unión de India y otros, con fecha 15/11/2019, relativa al control de la contaminación del aire en Delhi y la NCR, se puede encontrar en: <http://www.indiaenvironmentportal.org.in/files/file/airpollution-Delhi-SC_Order_15-Nov-2019.pdf>.

26 Ver: <https://www.constitutionofindia.net/constitution_of_india/fundamental_rights/articles/Article%2021>.

27 La lista de marcas que producen mascarillas de moda prolifera en todo el mundo, incluyendo O2Today, MetaMask, Cambridge Mask y Respro. Todas sus mascarillas son productos de cuidado preventivo y accesorios de estilo de vida a la moda.

28 El comunicado de prensa de Greenpeace anunciando la acción se puede encontrar en <https://www.greenpeace.org/africa/en/press/6543/activists-scale-statues-to-draw-attention-to-deaths-caused-by-eskoms-air-pollution/>.

29 Las protestas también fueron dirigidas a los gobiernos sudafricanos, ya que las 12 centrales eléctricas de Mpumalanga son de propiedad y operan por la empresa pública nacional de electricidad Eskom.

30 Los efectos sobre la contaminación atmosférica del cluster de carbón de Mpumalanga, junto a su huella climática, fueron reconocidos por el Gobierno sudafricano en su Comunicación Nacional Inicial en virtud de la Convención en el Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el 2000. Ver: <https://unfccc.int/resource/docs/natc/zafnc01.pdf>.

31 La protesta en toda la ciudad por la contaminación del aire incluyó otras estatuas como Oliver Cromwell, en el terreno de las Cámaras del Parlamento; Winston Churchill en la Plaza del Parlamento; Reina Victoria, frente al Palacio de Buckingham; Thierry Henry en el estadio del Arsenal; y el zócalo de Eros en Piccadilly Circus (Weaver, 2016).

32 El gobierno holandés invirtió 78 millones de euros en el consorcio para Tropomi, donde figuran la Oficina Espacial de los Países Bajos, el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos, el Instituto de Investigación Espacial de los Países Bajos, la Organización de Investigación Científica Aplicada y la Airbus Defense and Space Netherlands. Ver: <http://www.esa.int/Applications/Observing_the_Earth/Copernicus/Agreement_between_the_Netherlands_and_ESA_signed_for_Sentinel-5_ Precursor_instrument>.

33 Greenpeace. «Nuevos datos satelitales revelan que Mpumalanga es el mayor punto crítico de contaminación atmosférica de dióxido de nitrógeno (NO2) del mundo», octubre de 2018. <https://www.greenpeace. org/static/planet4-africa-stateless/2018/10/3ce9a5c3-sa-briefing_-global-air-pollution-map-no2-5-1.pdf>.

34 El Copernicus Sentinel 5P Data y un promedio móvil de 14 días de concentraciones de dióxido de nitrógeno en todo el mundo están disponibles públicamente en el portal en línea ESA <https://maps. s5p-pal.com/no2/>.

35 Publicada después del Black Lives Matter, la carta abierta de Tristen Harwood y Nicholas Tammens pedía la reubicación de la estatua Capitán Cook (1878), de Thomas Woolner (1825-1892), actualmente en el Hyde Park de Sídney, a un museo público (Harwood y Tammens, 2020).

36 La región indopacífica fue teorizada por primera vez por el general Karl Ernst Haushofer en su análisis de la geopolítica del océano Pacífico en Tambs y Brehms (2002).

37 OMA/AMO ha estado rastreando algunos de los mapas que definen Europa a través de su investigación «La imagen de Europa» o «Iconografía europea», entre otros.

38 Estados Unidos comenzó su AQI en 1968, disponible en: <https://www. airnow.gov/>. Desde entonces, los países y regiones han desarrollado sus propios índices. Canadá comenzó a presentar su propio Índice Sanitario de la Calidad del Aire (AQHI) en 2005, véase: <https://www.canada.ca/en/environment-climate-change/services/air-quality-health-index. html>; y Hong Kong lanzó su propia AQHI en 2013, véase: <https://www. aqhi.gov.hk/en.html>. El Ministerio de Protección Ambiental de China Continental (MEP) anunció su propio AQI en 2012 e implementó una codificación unificada de color para todo el país en 2014, el mismo año en que India lanzó su propio AQI, véase: <https://cpcb.nic.in/naqi/>. La Unión Europea puso en marcha su Índice Común de Calidad del Aire (CAQI) en 2006, ahora rebautizado como Índice Europeo de Calidad del Aire (EAQI), véase: <https://airindex.eea.europa.eu/Map/AQI/Viewer/>.

39 Comisión Europea, «Nueva Directiva en Calidad del Aire», 2018. Véase: <https://ec.europa.eu/environment/air/quality/directive.htm>.

40 Desde finales de 1980, la llegada de la crítica cultural a los estudios de moda ha desmantelado estas lecturas, mientras que la antropología ha seguido nuevas agendas de investigación sobre la ropa, colocando la superficie corporal en el centro del escenario. Wilson (1984) sienta las bases de la crítica, mientras que el cambio ha sido bien documentado en Craik (1993).

CERECEDA, Rafael. «The Joker paradox: how a mask can obscure the true face of a protest,» Euronews, 30/10/2019. <https://www. euronews.com/2019/10/30/the-joker-paradox-how-a-mask-can-obscure-the-true-face-of-a-protest>

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Guillermo Fernández-Abascal

<guillermo.fernandez-abascal@uts.edu.au>
Arquitecto, máster en Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, 2010. Máster en Investigación, Universidad Tecnológica de Sídney, 2019. Es coautor de Learning to Live Together (Madrid, 2021), Better Together: Stories of Contemporary Documents (Melbourne, 2021), Regional Bureaucracy (Sydney, 2021), Melbourne, Sydney; References, Reflections and Remarks (Sydney, 2019), Quality, Control (Sydney, 2019), Documents (To Come) (Madrid, 2018) y Global Architecture Political Compass (Madrid, 2016). Actualmente es profesor en la Universidad Tecnológica de Sídney y socio fundador de GFA2 y GFA.

Urtzi Grau

<urtzi.grau@uts.edu.au>
Arquitecto, Universitat Politècnica de Catalunya, España, 2000. MS Advanced Architectural Design, Columbia University, Estados Unidos, 2003. Máster en Artes, Universidad de Princeton, Estados Unidos, 2008. Su trabajo sobre la región indopacífica ha sido expuesto en la Bienal de Arquitectura de Chicago 2015, la Bienal de Diseño de Estambul 2016, la Bienal de Seúl 2017 y la Bienal de Arquitectura de Venecia 2021. Es coautor de los libros Learning to Live Together (Madrid, 2021), Melbourne, Sydney; References, Reflections and Remarks (Sídney, 2019), y Replicas: Four Hypotheses on the Use of Agonistic Copies in the Architectural Field (Chicago, 2015). Es profesor titular en la Universidad Tecnológica de Sídney.