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Vegetación y placer

Daniel Talesnik

Profesor asistente adjunto, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. dt2235@columbia.edu

El 2019, el invernadero en Pirque de Max Núñez Arquitectos fue expuesto en la Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo, cuyo título «Everyday / Todo o dia» celebraba el uso habitual de la arquitectura. Dentro de la categoría «Arquitecturas de lo cotidiano», el invernadero se inscribió en el subtema «Mantenimiento diario». Bajo la premisa de ser un edificio habitado por plantas exóticas e insectos, y considerando su atmósfera artificial controlada por dispositivos mecánicos, se destacaba que los humanos no eran estrictamente necesarios en el edificio. Al focalizarse en las plantas, esta primera lectura omitía para efectos argumentales que los invernaderos en todas sus escalas y usos son un programa que invita al encuentro de personas con la vegetación. Sumar esta variable permite especular sobre este invernadero como un prototipo de espacio doméstico.

La idea de calefaccionar un interior para que crezcan plantas, ya sean particulares a otros climas o fuera de temporada, se puede rastrear hasta la antigua Roma. Sin embargo, el invernadero como tipo arquitectónico es un invento del siglo XIX que tuvo una rápida evolución con un apogeo en Inglaterra durante la época victoriana1. Los invernaderos se agrandaron y pasaron de ser programas privados a tener una dimensión pública al localizarse en ‘jardines de placer’ como, por ejemplo, la Temperate House (1860) en los Jardines de Kew en Londres que es emblemática tanto por su escala como por las especies vegetales en su interior. Si bien los invernaderos celebran aspectos estéticos de la vegetación, su historia también se relaciona con la ciencia y el estudio de las plantas, así como con la agricultura y el consumo de vegetales que engrosan su rol como agente social.

El invernadero en Pirque es privado, de tamaño acotado y puede comprenderse mediante libros como The Green-House Companion, en que el botánico y paisajista escocés John Claudius Loudon (1825) explicaba que estas construcciones son

(…) un apéndice para cada villa y para varias residencias en la ciudad – no uno de primera necesidad, pero considerado apropiado y muy deseable, y que la humanidad reconoce como un signo de elegancia y goce refinado.

Definitivamente, el propósito de este invernadero, con su vegetación tropical confinada en el clima semiárido del valle central de Chile, es brindar placer al aficionado al cultivo de plantas que vive en una casa aledaña y que formuló el encargo2.

El invernadero en Pirque es un proyecto destacable por su atractivo estético, su construcción de alta calidad y los despliegues mecánicos que hacen posible su funcionamiento. La ubicación del invernadero en el parque fue definida por su visibilidad desde el camino de acceso a la casa y por ser el único lugar plano donde no había árboles consolidados. Es un invernadero de planta cuadrada con dos cubiertas cóncavas. Las dimensiones totales son 11,4 × 11,4 m (aproximadamente 130 m²) incluyendo un paseo perimetral, elevado 70 cm del suelo y con un ancho de 1,2 m, que conduce a una única escalera esquinada que baja a un jardín de 9 × 9 m.

El diseño propone un campo ampliado de temas arquitectónicos. Es un interior donde resalta expresivamente la estructura metálica y el contraste entre los vidrios transparentes de los lados y los translúcidos de la cubierta. Un aspecto destacable es el uso de bóvedas de ladrillo de vidrio que aportan el elemento más expresivo del proyecto. Si se considera el peso de cada ladrillo, su uso como cubierta es estructuralmente contraintuitivo. Sin embargo, se logra un efecto visual que le da al techo un peso poco común en un tipo constructivo general-mente ligero. En términos prácticos, los ladrillos de vidrio aíslan más que el vidrio simple, y a su vez resuelven el control lumínico a lisos hacia el exterior y estriados hacia el interior, lo que garantiza que la luz del sol entre refractada y más pareja a la vegetación.

Dada la geometría del cuadrado y el peso estructural del ladrillo de vidrio de la cubierta, se diseñaron dos bóvedas independientes de 4,5 m de ancho que alcanzan una altura interior máxima de 6,3 m. A pesar de ser un espacio unitario, dos naves simétricas se inscriben en el cuadrado. Estas naves paralelas en el eje norte-sur direccionan el espacio axialmente. La simetría del espacio es reforzada por 5 apoyos en A – pilar y diagonal – ubicados en las esquinas y al centro. Estas simetrías son distintas por su ubicación y orientación, pero son simultáneas, otorgándole complejidad a un espacio que de lo contrario tendería a ser neutro.

Visto desde el exterior, el invernadero está elevado sobre el suelo y para acceder hay un camino de rocas que suben al visitante hasta la entrada principal. Por un lado, el invernadero y el paseo perimetral flotan y, por otro, la vegetación está enterrada bajo el nivel del suelo dejando a las personas en el exterior frente al follaje de las plantas, lo que introduce ambigüedad entre el horizonte exterior y el interior. Cuatro paneles de ventanas deslizantes, dispuestos simétricamente adyacentes a cada una de las cuatro esquinas, cierran la fachada del edificio y la envolvente de vidrio deja atrás losa y pilares metálicos y oculta la estructura.

En cuanto a las soluciones técnicas, en el invernadero se mantienen la temperatura y la humedad estables durante el año mediante un sistema integrado de cale-facción, ventilación y riego. En el perímetro inferior, bajo la circulación elevada, hay un equipo de aire que inyecta calor en invierno y ayuda a la recirculación del aire en verano. Además, el interior está ventilado por ventanas de 2,45 m de altura en las caras planas de cada bóveda que se abren automáticamente cuando el interior supera los 20 °C, las que también activan una ventilación cruzada. Para el control de la humedad hay un microsistema de aspersores que hidratan el interior sin mojar directamente las hojas, contribuyendo al control de la temperatura. Este sistema de mangueras, llevadas al interior por tubos de acero galvanizado, se ubica en los arcos de las bóvedas sobre las juntas de dilatación. Los tres sistemas – ventanas, inyección de agua a través de atomizadores e inyección de aire – están coordinados electrónicamente.

Casi un siglo después del libro de Loudon, en Glasarchitektur (1914) Paul Scheerbart establecía que, para un cambio cultural, era necesario salir del encierro de los interiores de la época y que se podía partir por habitar nuevas arquitecturas de vidrio iluminadas naturalmente. (Es relevante aclarar que se refería principalmente a vidrio coloreado y que sugería vidrio incoloro sólo si había vistas a un jardín). En el punto décimo de los ciento once de su manifiesto, Scheerbart (1972(1914):44) escribía: «Al introducir la arquitectura de vidrio, es mejor comenzar con el jardín. Todo propietario de un jardín grande querrá tener en este una casa de vidrio». El invernadero de Pirque coincide con este deseo, ya que el propietario de una casa en un parque encargó un invernadero para su jardín que está al límite de ser una casa de vidrio. Las ideas de Scheerbart se materializaron en prototipos como la Glashaus (1914) de Bruno Taut3. Podríamos establecer que después de la Segunda Guerra Mundial, y con el vidrio ya afianzado como material transparente, estas ideas se reinterpretaron en viviendas aisladas en situación más de jardín/parque, como la casa Farnsworth (1945-1951) de Mies van der Rohe y la casa en New Canaan (1947-1949) de Philip Johnson: dos casas-pabellón caracterizadas por grandes paños de vidrio que permiten ver desde y hacia afuera. La relación entre estructura y cerramiento vertical de vidrio en la Farnsworth está resuelta en el vidrio, pero ‘liberando’ las esquinas al usar perfiles esbeltos y dejando el lado del acceso abierto y sin vidrio. En la casa en New Canaan, la estructura es robusta y ‘dibuja’ todas las esquinas. En tanto, en el invernadero en Pirque la estructura está en las esquinas, pero separada del plano del vidrio y los perfiles de acero están retranqueados 60 cm. Por esto, se lee como un cubo de vidrio.

Dada su escala, el invernadero de Pirque conjuga la casa de vidrio como tema y programa en la tradición de los invernaderos, y como objeto en la tradición miesiana. Visto desde este doble origen, el encuentro entre utilidad y apariencia lo conecta con un linaje más funcionalista. A la pregunta de si es sólo para plantas o tiene el potencial de albergar a su propietario, podemos adelantar una respuesta indirecta, ya que, tras disfrutar del invernadero, ha encargado a la oficina una vivienda al lado. De construirse, tal como lo sugería Scheerbart y ha solicitado el propietario, dominará el vidrio. Ante este nuevo encargo, la oficina podrá separar intencionalmente el programa del objeto en una casa de vidrio indiscutible.

1 El desarrollo del invernadero fue de la mano de materiales como el hierro forjado y fundido, cuya manufacturación se aceleró con la Revolución Industrial. En este período también hubo un incremento en el uso del vidrio. (La derogación del impuesto al vidrio en 1845 y del impuesto a las ventanas en 1851 fueron factores que ayudaron a reducir costos y, por lo tanto, a la proliferación de invernaderos en Inglaterra). Otras circunstancias, tales como la producción fabril de pinturas, nuevas herramientas de construcción, la expansión de la red de trenes que aceleró la distribución de bienes, así como también el aumento del transporte naviero que permitió importar más materiales, influyeron en el desarrollo de los invernaderos. Por último, los mecanismos de ventilación para regular las temperaturas interiores también se sofisticaron en este período, pasando de ventanas a dispositivos que permitían abrir ventilaciones en los techos de manera remota.

2 El invernadero ha sido un encargo poco frecuente en Chile y los escasos ejemplos tienen principalmente origen privado. En el siglo XIX encontramos el invernadero de la Quinta Meiggs, que originalmente pertenecía a una casa privada en la Alameda antes de ser adquirido en 1890 por el Estado de Chile y trasladado a la Quinta Normal. También el del Parque de Lota, que fue un regalo de Luis Cousiño a su esposa Isidora Goyenechea. Un ejemplo más reciente es la casa-invernadero El Canelo, en Reñaca, encargada por Agustín Edwards E. al arquitecto Christian de Groote a principios de los ochenta. Si se consideran estos precedentes, el carácter privado del invernadero en Pirque lo inserta cómodamente en la breve genealogía del tipo en Chile.

3 La Glashaus de Bruno Taut fue un pabellón en la feria de la Deutsche Werkbund en Colonia (1914), encargado por la asociación alemana de productores de vidrio para promocionar este material en la construcción.

LOUDON, John Claudius. The Green-House Companion; Comprising a General Course of Green-House and Conservatory Practice Throughout the Year, 2nd ed. Londres: Harding, Triphook, y Lepard, 1825 (1824).
SCHEERBART, Paul. «Glass Architecture». En SHARP. Dennis (ed.). Glass Architecture by Paul Scheerbart and Alpine Architecture by Bruno Taut. Nueva York: Praeger, 1972 (1914).

DANIEL TALESNIK

<dt2235@columbia.edu>
Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2006. MSc en AAD (2008) y PhD (2016), Columbia University. Su trabajo se centra en arquitectura y urbanismo modernos y contemporáneos, con especial atención en pedagogía arquitectónica y en las relaciones entre arquitectura e ideologías políticas. Actualmente es profesor asistente adjunto en la Pontificia Universidad Católica de Chile y curador en el Museo de Arquitectura de la Technische Universität München.